Cuando educar también significa llegar
…

📖 Carta de Domingo
Cuando educar también significa llegar
Hace años iniciamos un Club Interact en el colegio de la comunidad de Cerro Iglesias. Aquella experiencia nos permitió acercarnos a jóvenes de comunidades que, aunque geográficamente no parecen tan distantes, muchas veces viven realidades muy diferentes a las nuestras.
Desde Cerro Iglesias nos hablaron de Cerro Puerco, donde existe un colegio secundario y había mucho interés en que sus estudiantes también participaran en Interact. Fue así como, durante uno de nuestros Campamentos Interact, conocimos a Rosalinda Jiménez, una joven que participó activamente en aquella experiencia y que durante dos años llegaría a presidir su Club Interact.
Tiempo después, conversando con el profesor José Alexander Sanjur, de Cerro Puerco, le preguntamos si conocía alguna escuela primaria donde pudiéramos instalar uno de los equipos RACHEL, que estamos llevando a diferentes comunidades como herramienta de apoyo a la educación. Las coincidencias del servicio hicieron el resto: la madre de Rosalinda, quien también se llama Rosalinda Jiménez, es maestra en una de esas escuelas.
Así comenzó esta historia.
Un kilómetro que parecía mucho más
Sobre el mapa, llegar hasta la escuela no parecía complicado. Apenas alrededor de un kilómetro de camino difícil nos separaba de ella. Pero las distancias no siempre se miden en kilómetros.
En dos ocasiones anteriores habíamos intentado llegar. La lluvia y las condiciones del camino nos hicieron desistir. A la tercera decidimos que teníamos que hacerlo.
Fuimos el presidente de nuestro Club Rotario de David, Edgardo de la Torre; el rotaractiano Carlos Samudio; y quien escribe estas líneas.
Llegamos en un vehículo pick-up de doble tracción hasta donde fue posible. Allí nos esperaba otro vehículo mejor preparado para las condiciones del terreno. Avanzamos un poco más hasta que nuevamente tuvimos que detenernos.
—Hasta aquí podemos llegar por ahora —nos dijeron—. El camino está demasiado mojado. Si esperamos a que salga un poco el sol, quizás podamos continuar.
Pero nosotros comenzamos a caminar.
Por fortuna, llevaba conmigo un bastón que utilizo para caminatas. Nunca imaginé cuánto iba a agradecerlo aquel día.
A medio camino, Edgardo me preguntó:
—¿No crees que sería mejor dejar aquí las computadoras, entregárselas a ellos y evitar llegar hasta la escuela?
La respuesta era sencilla:
—Tenemos que llegar. No estamos aquí solamente para entregar unas computadoras. Tenemos que explicarles a los maestros cómo funciona el equipo y cómo pueden utilizarlo con sus estudiantes.
Y continuamos.
En el trayecto conocí a la niña Milagros, también hija de la maestra Rosalinda y estudiante de kínder, quien en el camino me manifestó, con mucha ilusión, que ella quería ser doctora.
Al final del camino había una escuela llena de futuro
Finalmente llegamos.
Quizás esperábamos encontrar una pequeña escuela rural. Para nuestra sorpresa, encontramos un centro educativo grande, con más de cien estudiantes y, sobre todo, una comunidad que nos recibió con enorme entusiasmo.
Los estudiantes nos dieron la bienvenida con bailes tradicionales de la Comarca Ngäbe-Buglé y bailes típicos panameños. Escuchamos palabras de los docentes, del director Rigoberto Puga, de los estudiantes y de nuestro presidente Edgardo de la Torre.
Pero el momento más importante fue sentarnos con los maestros y explicarles cómo utilizar RACHEL.
La escuela cuenta con acceso a internet satelital y los docentes también están recibiendo equipos tecnológicos del Ministerio de Educación. Sin embargo, sabemos que en estas comunidades la conectividad puede ser limitada. Por eso, disponer de contenidos educativos digitales accesibles localmente puede convertirse en un complemento extraordinario para el proceso de enseñanza.
Aquello me hizo pensar nuevamente en una frase que repetimos constantemente en Rotary:
Somos Gente de Acción.
Pero ser Gente de Acción no consiste solamente en colocar esa frase en una publicación, una camisa o una pancarta.
Ser Gente de Acción significa caminar cuando el vehículo ya no puede avanzar.
Significa llegar donde existe una necesidad.
Significa descubrir oportunidades de servicio donde otros solamente ven dificultades.
Y, especialmente, significa comprender que detrás de cada proyecto hay personas cuyas vidas pueden cambiar.
La educación transforma generaciones
Cuando llegué a Chiriquí hace más de veinte años, escuchaba hablar de las enormes dificultades que enfrentaban los jóvenes de la comarca para acceder a la educación secundaria y, mucho más, a la educación universitaria.
Hoy la realidad está cambiando.
Basta visitar las universidades de nuestra provincia para encontrar numerosos jóvenes provenientes de la Comarca Ngäbe-Buglé estudiando distintas carreras y preparándose profesionalmente.
Eso representa mucho más que una estadística.
Representa familias que cambian su historia.
Comunidades que comienzan a contar con sus propios profesionales.
Maestros, ingenieros, médicos, administradores, emprendedores y líderes que algún día regresarán a sus comunidades con nuevos conocimientos y nuevas oportunidades.
Por eso sentí una enorme satisfacción cuando supe que aquella joven que conocimos en nuestro Campamento Interact, Rosalinda Jiménez, después de haber sido presidenta de su Club Interact durante dos años, hoy estudia Ingeniería Civil en la Universidad Católica Santa María La Antigua.
Entonces comprendemos que todo está conectado:
Interact, educación, liderazgo juvenil, tecnología, Rotary, maestros comprometidos y comunidades que quieren salir adelante.
Tal vez nunca podamos medir completamente el impacto de nuestras acciones.
Quizás aquel equipo tecnológico que llevamos cargando por un camino lleno de barro despierte la curiosidad de un niño. Quizás una niña encuentre allí una materia que le apasione. Quizás alguno de esos estudiantes decida continuar la secundaria y después llegar a la universidad.
Y quizás, dentro de algunos años, alguno regrese convertido en profesional para transformar nuevamente su propia comunidad.
Ese es el verdadero impacto duradero.
No claudiquemos
Los rotarios realizamos muchas actividades. Organizamos reuniones, conferencias, capacitaciones, cenas y proyectos. Todo ello forma parte de nuestra organización.
Pero nunca debemos olvidar para qué estamos aquí.
Estamos aquí para servir.
Para abrir oportunidades.
Para acompañar a quienes están construyendo su propio futuro.
Y algunas veces servir significa ensuciarnos los zapatos, tomar un bastón, cargar unas computadoras y continuar caminando porque sabemos que al final del camino alguien nos está esperando.
No claudiquemos.
Sigamos llegando a esas comunidades donde todavía existen necesidades latentes y donde una pequeña acción puede convertirse en una enorme oportunidad.
Porque la educación no solamente transmite conocimientos.
La educación rompe ciclos, abre caminos y transforma generaciones.
Trabajemos verdaderamente unidos en servicio, amistad y paz. Porque la amistad y la unión adquieren su verdadero significado cuando se convierten en acciones capaces de transformar vidas.
Y aquel día, después de caminar por el barro hasta una escuela en las montañas de nuestra comarca, recordé algo sencillo:
Hay caminos difíciles de recorrer, pero cuando al final nos espera la educación de un niño, siempre vale la pena llegar.
PGD Antonio Miguel Singh Castillero
Orgulloso socio del Club Rotario de David
Distrito 4240 – Zona 31A


